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El Síndrome del cuidador quemado o “Burnout”

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Es un término muy extendido actualmente pero que se plantea por primera vez en el 1974, que define la situación de estrés a la que puede sentirse sometida una persona que tiene a su cargo el cuidado de otra.

Existen distintas investigaciones que concluyen que el 70% de la atención que reciben las personas mayores provienen de sus familias, esta atención también está vinculada a la situación de dependencia que presente la persona, aunque en los casos de discapacidad física la familia juega un papel fundamental en un 70% de los casos.

El cuidador familiar en general tiene un perfil concreto, normalmente son mujeres a las que les une parentesco directo y que conviven con la persona en cuestión.

En muchas ocasiones las múltiples tareas ( baño, aseo, alimentación, cambios posturales…) que conllevan dichos cuidados provocan que el cuidador vea influenciada su vida privada y se vea en la obligación de abandonar actividades que había llevado a cabo con anterioridad: trabajo, relaciones sociales, ocio…con lo que el cuidado de la persona dependiente se convierte en el eje de sus vidas.

La exigencia y responsabilidad que representa el cuidado de una persona, no es tarea fácil y puede proporcionar una sensación de sobrecarga afectando considerablemente al cuidador tanto a nivel físico como mental, algunos signos de alerta son los siguientes:

  • Cansancio
  • Agotamiento físico
  • Percepción de sobrecarga, sensación de no poder seguir con los cuidados
  • Aislamiento social (alteración de las relaciones interpersonales, abandono progresivo de los amigos, familiares y actividades habituales…)
  • Irritabilidad, enfado, cambios de humor, tanto con la persona a la que se cuida como con otras personas cercanas
  • Ansiedad
  • Insomnio
  • Depresión
  • Tristeza
  • Falta de concentración
  • Problemas físicos (dolor, palpitaciones, problemas digestivos…)
  • Sensación de culpabilidad ( en el momento que el cuidador es consciente de ciertos pensamientos o actitudes se culpabiliza y se auto castiga)

Estos signos de alerta se corresponden con el síndrome del cuidador quemado, si este es tu caso, lo más importante y principal es que no te sientas culpable, piensa que estás sometido a un gran estrés y sobrecarga emocional.

Cuidar, supone planificación y organización de todo el núcleo familiar, muchos son los factores que pueden provocar asimetrías en las tareas de cuidado pero puedes hacer distintas cosas para salir de este bucle:

  •  Pide ayuda. Aleja de tu pensamiento que solo es obligación tuya el cuidado de tu familiar, a veces nuestro entorno puede hacer mucho más de los que imaginamos, pudiéndote liberar a ti de ser el cuidador en exclusiva.
  • Expresa tus sentimientos con los tuyos o con otras personas, esto puede ser de mucha utilidad, los demás también toman conciencia de tu situación y pueden ayudarte.
  • Comparte tu experiencia, las asociaciones juegan un papel muy importante.
  • Si la situación lo requiere no tengas reparo en consultar con un profesional.
  • Cuida tu dieta, no la abandones
  • Recupera tu vida social, tus amigos, las actividades y aficiones que tanto te gustan, tu ocio.
  • Escucha tu interior, cuales son tus necesidades y ahora….satisfazlas.
  • El ejercicio físico también es importante, dedícale un rato al día.
  • Apóyate en profesionales de la salud que puedan darte consejo y explicarte mejor el abordaje de la patología de tu ser querido.
  • Busca ayuda en la Administración: servicio de tele asistencia, ayuda a domicilio, prestaciones económicas a dependencia, consulta a tu asistente social para que te oriente.
  • Te pueden informar en los Servicios Sociales de Atención Primaria o en el Área Básica de Salud de tu municipio.

Pensar que solo tú eres capaz de cuidarlo, y que puedes llegar a todo, es un error, que te puede pasar factura, delega y comparte, seguramente tu visión también cambiará.

 

 

El Síndrome del cuidador quemado o “Burnout”
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